viernes, 10 de junio de 2011

El duende

Con el recuerdo de mi niñez, han transcurrido los años y aún siguen las huellas.... de aquella ocasión, mis temores se desencadenaron desde ese momento, sin saberlo, solo años después en una consulta médica pude confirmar que desarrollé una rara fobia.

Era una noche de Septiembre, recuerdo que era viernes y yo tenía escasos 11 años, estaba en mi cuarto, mi habitación era de de los antigüos pisos de madera, con un armario y un mueble donde tenía todos mis juguetes. En esa época no me apetecía jugar con muñecas, me divertía hasta quedarme dormida con un juguete que me trajo mi papá, que tenía la forma de huevo y era grande...el objetivo era colocar los aros en unas astas, ayudados por el impuso del agua. Esa noche encendí la luz de una lámpara que tenía en una de mis mesitas de noche y me tapé con el cobertor y seguí jugando. Mis padres estaban en el primer piso, ellos trabajaban todos los días hasta las 11 pm en un negocio familiar, así que yo estaba sola en el segundo piso.

Mientras jugaba, empecé a escuchar una risa chillona, jamás había escuchado una risa similar y me asustó... era maquiavélica, muy fastidiosa y no dejaba de sonar. Con la curiosidad de la infancia, me destapé, quería mirar que era..... tal vez no debí hacerlo!. Era un pequeño hombrecito.... en ese instante recuerdo bien que me froté los ojos y hasta me pellizqué pensando que era un sueño....sentí miedo, probablemente si se me hubiera aparecido siendo adulta tumbaría la casa a gritos, pero en ese momento, sólo quedé pasmada ante semejante visión. Me atraparon sus ojos, eran raros, de color amarillo, era muy pequeño como de 50 cms de alto, su cara era ajada parecía un anciano, estaba descalzo y sus ropas eran como harapos; se movía alrededor de mi cama y no paraba de reír, me miraba y sentía que lo hacia para perturbarme, sólo quería asustarme. En ese instante, me puse a orar y susurraba la oración aquella del Ángel de mi guarda.... después como por arte de magia había quietud y no lo escuchaba; cuando volví la vista para buscarlo estaba abriendo mi mesita de noche, mis ojos aún no comprendían lo que veían.... cuando de pronto saca los talcos Eficient y empieza a jugar.... si antes su risa me parecía fastidiosa en ese momento parecía perturbante y no cesaba, era tal la felicidad de ese hombrecito que el piso de mi cuarto quedó un desastre, la verdad para ese momento me había quedado dormida, pensando que lo de aquella noche fué un producto de mi imaginación.

A la mañana siguiente los gritos infernales de mi mamá me despertaron, su mal genio se debía al desorden que causé con los talcos para los pies, yo inmediatamente le conté lo que había pasado...obviamente que no me creyó. Al mirar al piso noté que había dos huellas una en el tablado y otra de los talcos. Cuando tienes piso en madera no puedes pisar con los pies descalzos, por que el sudor hace que se generen marcas de un tono más claro en el piso. Y esas marcas fué las que noté en ese momento, al verlas mi mamá se asustó y empezó a compararlas con mis muñecos, era inútil por que los pies de los muñecos no eran del mismo tamaño ni del mismo material, así que por ende, las marcas no eran ni similares. Al ver que no cuadraba nada me miró y me dijo, ayúdame a recoger este reguero y esto que me contaste queda entre nosotras que no quiero que tu papá salga con teorías machistas y nos tome del pelo.

Pasaron los años y empezaron las obras para cambiar el piso de la casa, fué mi cuarto el último en comenzar.... cuando el maestro levantó el piso llamó a mis papás para mostrarles lo que había encontrado, no lo podían creer.... debajo del piso, de la manera más ordenada y limpia, estaban todos los objetos que habíamos dado por perdidos, había zapatos de mi madre, corbatas, colores míos, aretes, ropa, cofres, libros y todo eso organizado por colores y tamaño. Mi mamá al ver eso me miró, entendimos que había sido el hombrecillo aquel que puso esos objetos debajo del piso por arte de magia y quien los mantuvo como nuevos ..incluso había reparado cosas ya dañadas. Mi papá nos miró y sorprendido nos dijo - ustedes ya sabían de esto?- .... lógicamente para defensa nuestra lo negamos.

Ahora que soy adulta sin quererlo y por mera casualidad me enteré de mi fobia a los enanos cuando en una ocasión me encontré en mi sitio de trabajo con una persona pequeña y el miedo fue tal, que literalmente me oriné, sin musitar palabra y con el cuerpo paralizado.

Puede pensarse que esto es irreal, cierto o no.... a mi me pasó.

2 comentarios:

  1. Carajo, qué susto vivir eso.
    Buen comienzo.

    Saludos.

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  2. buen comienzo sami! a mi me paso lo mismo en la finca que hay en santander y no solo con duende, tambien con bruja incorporada y con tia loca que empezo a echar resos

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